miércoles, 7 de marzo de 2012

Equivocarse no siempre es de sabios.

 Son fáciles de cometer, pero muy difíciles de reparar.
 Hay múltiples ejemplos; una ruptura sin razón, una broma malintencionada, un fallo en un examen...
 Queremos creer que eso a nosotros no nos va a pasar, que somos tan perfectos que cuando lo hacemos,lo negamos, por más que en el fondo sabemos que el que tiene esa vez razón es el oponente y cuando llegas a esa conclusión -después de días, meses e incluso años- te enfadas, luego reconoces tu error, pero por aquel entonces el que antes era tu mejor amigo, al ver qye te enfadas por esa tonterñia pasa de ti por demostrar lo infantil que eres.

 Y te empiezas a dar cuenta de lo que has perdido, recuerdas todos esos momentos felices y son dolorosos porque ya no los podrás volver a vivir por una tontería de niño chico. Naturalmente intentarás volver a ser su amigo, pero has descubierto tu cara oculta, esa que nadie debe ver, y él ya no quiere saber nada de ti.
 Lo que sucede a continuación también es doloroso, porque él también te muestra lo rencoroso que es, te arrepientes de todo y te gustaría dar marcha atrás pero no puedes porque esa persona te echa de su vida.
 Sin oportunidad de volver a empezar.
 Estás solo.

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