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miércoles, 24 de abril de 2013

Quiero que alguien me abrace y me diga que todo irá bien.

    Y dime de una vez que fue lo que nos pasó, que fue en lo que fallé. Dime de una ve si fue la distancia o simplemente fue que se nos acabó el amor. Dime si hubo otra. Si ahora estás con ella. Dime si me echas de menos. Dime si extrañas mi risa como yo extraño de la tuya. Dime si todavía te despiertas con ganas de hacerme el amor, tal y como me pasa a mí cada noche. Dime si has llorado tanto como lo he hecho yo. Dime si has conseguido olvidarme de una vez. Dime por qué duele tanto. Dimelo.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Las heridas que no se ven son las más profundas.

    Un cigarrilo tras otro. Como una locomotora. El humo alivia el dolor. Una calada sigue a otra. Aspira el dulce olor del humo, se lo traga y lo expulsa con la boca formando una 'O' casi perfecta. Es lo único perfecto de la estancia. Pasa la vista cansada por la sala; botellas de vodka, cigarrillos fumados hasta casi gastar el filtro, alguna que otra raya de cocaína esparcida por la mesita de centro del salón. El caos domina la sala. Un caos que ella misma creaba y que creía controlar.
    Pero, como todo, al final es el caos el que te controla a ti.
    Intentamos controlar nuestra vida sin casi darnos cuentas de que siempre suele ser al revés, ella todavía no lo sabe, se niega a aceptar que ha perdido el control. De nada le sirven las resacas después de las juergas. Ni los vómitos de tanto alcohol como bebe. El ardor en la garganta, producto de todo el alcohol expulsado no la ayuda a recapacitar sobre su vida. Al fin y al cabo ¿de qué sirve? La vida... La pintan tan bonita a veces... ¿Ahora es el momento de decir que pase lo que pase, sigue viviendo? Pues no, hoy no está para pensar en lo bonito de la vida. Justamente por eso se corre esas juergas. Ella no quiere vivir, solo perder el tiempo, hasta que llegue un día en el que todo acabe.

    Mientras tanto seguirá ahí, bebiendo, fumando y esnifando cocaína. Las únicas cosas que la hacen olvidar, verdaderamente, todo el dolor que siente.



sábado, 8 de septiembre de 2012

Darkness.


  Vuelve a ser de noche. La oscuridad es demasiado aplastante en estos momentos. Sinceramente... no sé qué esperar de esta noche. Dudo que haya algo especial. No va a venir mi hada madrina con un traje estupendo, listo para ponérmelo e ir al baile para luego tener que correr a las doce, dado que se me acaba el hechizo. Cansa. Cansa ir de princesita. De doña perfecta. Esperando al príncipe azul que te hará feliz y comer perdiz. En el fondo, aunque lo neguemos, todas esperamos al príncipe de sus sueños. Poder perder el zapato de cristal. Junto con todo lo demás. Y que él te lo devuelva con un beso incluido.
   
   Pero hoy... hoy no voy a dejar que otros escriban el cuento de mi vida. Yo, imprefecta. Yo, caprichosa. Yo, soñadora. Dejaré atrás todos los mitos y toda la fantasía por la cual sufrimos. Hoy, directamente, seré yo quien decida qué me va a pasar, con quién y cómo. Y si el destino intenta arrebatarme el cuaderno en el cual estoy escribiendo mi propia historia, se lo arrebataré con mucha satisfacción. Porque a lo que no estoy dispuesta ya, es de ver como otros deciden por mí.

    Y si me llevo más palos de los acostumbrado, será porque yo lo haya decido. Y a nadie más que a mí le tiene que importar.