viernes, 4 de enero de 2013

He aprendido muchas cosas. A no confiar, a sufrir, a llorar...

  
He aprendido que los amores pueden llegar por sorpresa y terminar en una noche. Que grandes amigos pueden convertirse en grandes desconocidos, y que por el contrario un desconocido, puede volverse alguien inseparable.

Que el "nunca más", nunca se cumple y que el "para siempre", siempre termina. Que el que quiere, lo puede, lo sigue, lo logra y lo consigue. Que el que arriesga, no pierde nada. Y el que no arriesga, no gana.

Que si quieres a una persona, búscala, mañana será tarde. Que el sentir dolor es inevitable, pero sufrir es opcional. 


Y sobre todo, he aprendido que no sirve de nada negar lo evidente.

sábado, 29 de diciembre de 2012

jueves, 20 de diciembre de 2012

Las matemáticas son más fáciles que el amor.

   En las matemáticas todo tiene un porqué y una razón mas que lógica. Siempre es la misma formula, y si te equivocas puedes repasar y cambiar el signo negativo a positivo y el resultado será el acertado.

   En el amor todo es mucho más complicado que eso. No puedes cambiar nada por mucho que quieras. Esa persona de la que te enamoras y que ahora se conforma con un simple "seamos amigos" no puede volver a ser lo que era. Tienes que soportar ver como otras tontean con él mientras tú te mueres de celos todo el rato. Contemplar como las conversaciones, esas que duraban horas, ahora duran escasos segundos, un simple "ḧola, ¿qué tal?" seguido de un simple "perfecto".

  
    Ver como esos "para siempre, pequeña" tenían fecha de caducidad.
  
    Siempre he pensado que las matemáticas eran la cosa más complicada del mundo. Ahora puedo decir que no hay nada más complicado como el amor, donde el signo no se puede cambiar, porque el resultado siempre suele salir negativo.

martes, 20 de noviembre de 2012

Y ahora es cuando yo me pregunto si mereció la pena.

    Me paso noches enteras sin dormir, soportando como puedo las pesadillas que me acosan días tras día. Después de una noche en vela, me toca ir al instituto como si tal cosa y atender a las lecciones mientras lo que más quiero es dormir. Cuando llego a casa estoy tan derrotada que casi no me concentro para estudiar, pero aún así estudio, porque sé que es eso lo correcto. Ahora bien. ¿De verdad merece la pena? ¿De verdad merezco yo la pena?
    Sí, se podría decir que esto es una media reflexión sobre mí misma, aunque no lo he pretendido, por lo menos no al principio, surgió mientras escribía. El hecho de mis pesadillas es tan repetitivo que debería de aburrirme, pero no lo hacen. Es ese miedo a que me alejen de mis seres queridos, escasos pero importantes, lo que me tanto me aterra y se reflejan en ellas. Me da igual el cariz que tomen al principio, la conclusión es obvia: si me los quitan yo me quedo sola y perdida, sin saber qué hacer en el mundo. En ese momento justo es cuando me despierto chillando y mi madre viene a decirme que todo está bien, pero no lo está. Nada está bien. Nada.


    En fin, seguiré igual después de desahogarme, porque los promeblas siempre vuelven.




martes, 6 de noviembre de 2012

No llega, desaparece sin más.

    Querida vida:
  
    ¿Por qué eres tan injusta? ¿A caso hice algo malo? Si es que sí, entonces lo entenderé y afrontaré lo mejor que pueda, pero si es no... explícame por qué hago todo mal. Por qué todo en lo que creía fue destruido como un castillo de naipes. Corro intentando solucionar las cosas, pero en cuanto más empeño pongo, peor me salen las cosas. No tiene sentido. No. Escribo para desahogarme, pero incluso eso ha perdido ya su atractivo. No dejo de repetirme que todo cambiará el día menos pensado, pero estoy tan agotada que ni me lo creo ya. Es complicado, demasiado. Sigo sin encontrar la solución a esta complicadísima ecuación en la que se ha convertido mi vida diaria. Quizá es que simplemente, no la tenga, que la solución sea negativa, como todo. ¿Destino? Puede ser. Me da igual, porque la tenga o no, yo no voy a ser capaz de resolverla.

    Y no tener respuestas para todo lo que pienso es frustrante, más para mí que estoy acostumbrada a cuestionarme hasta el simple hecho de respirar. Y no, no lo soporto. No me acostumbro. Es tan difícil... Desaparece, sí. La mejor solución es esa: DESAPARECER. Dejarse caer hacia el oscuro pozo sin fondo en el cual casi no hay oxígeno y poco a poco la humedad te llena los pulmones hasta caer en la inconsciencia. Sí, justo eso. Eso es justo lo que quiero.